Los hosteleros valencianos piden la paralización de la ley del juego

Fidel Molina advierte de que la modificación, construcción y homologación de las nuevas máquinas puede dejar durante meses a los bares sin unos ingresos imprescindibles.

Los hosteleros viven un auténtico infierno como consecuencia del cierre del sector decretado en cumplimiento del estado de alarma. Los bares y restaurantes valencianos están cerrados desde hace dos meses y las mejores previsiones hablan de que en los próximos días quizá puedan abrir las terrazas, aquellos locales que la tengan, a un 50% de su aforo. Su facturación en estos meses ha sido cero, han tenido que seguir pagando alquileres e impuestos y su situación es agónica. Además, cuando se vuelva a una cierta normalidad, tendrán menos clientes ya que su aforo va a estar muy limitado y van a tener que hacer frente a importantes gastos de adaptación de sus negocios a las medidas sanitarias de seguridad previstas para evitar el contagio del Covid19.

Y si todo esto no fuera suficiente, los hosteleros valencianos temen que Les Corts retomen en los próximos días la reforma de la Ley del Juego, una ley que prevé, entre otras medidas, la necesidad de que las máquinas tipo B instaladas en bares y restaurantes tengan que ser activadas a través de un mando a distancia.

Fidel Molina, líder de SOS Hostelería se ha dirigido hoy por carta al presidente de la Generalitat y a los Síndics de Les Corts pidiendo que se paralice la aprobación de la ley del juego o se introduzca una enmienda que elimine la obligación del mando a distancia en las máquinas tipo B instaladas en bares y restaurantes. Molina cree que “estamos a tiempo de mejorar el texto de esta Ley para que no suponga un perjuicio económico para el sector ya que la implantación de un control remoto de activación de las máquinas recreativas comportará, de hecho, la retirada de todas las máquinas de los bares y restaurantes y su modificación o sustitución por otras que dispongan de este dispositivo”. El proceso de modificación de la maquina o de construcción de una nueva y su homologación puede durar meses, “un tiempo en el que las máquinas no estarán funcionando, con el perjuicio económico que esto significará para muchos bares cuyos ingresos por estas máquinas contribuyen al mantenimiento del local”, ha concluido. 


Fuente: Sector del Juego

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